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La Intención Paradójica... Cuando el pánico ataca...  

“Ayer tenía que hacer un examen. Media hora antes del mismo me di cuenta que estaba materialmente helado de miedo. Repasé mis notas y mi mente estaba completamente en blanco. Cosas que había estudiado durante mucho tiempo me resultaban completamente desconocidas y fui presa de pánico. Me dije:¡No me acuerdo de nada!¡No voy a pasar este examen!“ Sobra decir que el miedo aumentaba conforme pasaban los minutos, y los apuntes me resultaban cada vez menos familiares. Las manos me sudaban, y el miedo aumentaba cada vez que repasaba los apuntes. Cinco minutos antes del examen estaba convencido de que si me seguía sintiendo así durante el mismo, era seguro que me reprobarían ”.Muchos hemos experimentado esta sensación que un alumno le describe al Dr. Víctor Frankl en su carta. No sólo con relacióna un examen ,sino en lo que sentimos antes de una competencia, de una junta de negocios crucial, en las torpezas que decimos en la primera cita a alguien del sexo opuesto que nos atrae, o ante un reto al que encaramos. 

Esta reacción la provoca la aprensión y el miedo. Lo irónico es que esta angustia anticipada, desencadena precisamente aquello que tememos que suceda.

Esto genera un círculo vicioso, que empeora la situación. Es decir, el miedo del miedo, aumenta nuestro miedo.¿Le ha sucedido alguna vez, que entre más rápido quiere conciliar el sueño porque al día siguiente tiene que tomar un vuelo muy temprano, menos se puede dormir?¿O que entre más .uido quiere expresarse, más tartamudea?¿O le han sudado las manos cuando más secas quería que estuvieran? El miedo a que sucedan las cosas, es precisamente lo que provoca todo esto. 

Ante esta realidad, la pregunta a hacer es ¿Cómo es posible romper este mecanismo?

Víctor Frankl, psiquiatra fundador de la Logoterapia, y autor del libro “El hombre en busca de sentido”, propone un método tan sencillo, tan rápido y tan eficaz que desde su aplicación, los terapeutas del comportamiento se han sorprendido de sus resultados: 

“La intención paradójica ”.

Frankl dice que ante estos miedos, la reacción más típica es querer “huir ”del miedo. Sin embargo, el esfuerzo por evitar la situación es lo que nos provoca ansiedad. Es decir, en el caso del estudiante la angustia de reprobar el examen, es precisamente lo que provoca que todo se le olvide. Ante esto, el método de Frankl a simple vista nos parecería absurdo y ridículo.

A través de la intención paradójica, nos anima a “hacer o desear ” que suceda lo que tememos. Un deseo y un temor son mutuamente excluyentes. No podemos tenerle miedo a aquello que deseamos que suceda. Veamos cómo el estudiante enfrentó su miedo al examen, en la carta que continua:

“...Y entonces me acordé de lo que usted me dijo sobre la intención paradójica. Me dije a mí mismo: Ya que de todos modos voy a reprobar, procuraré hacer cuanto pueda en este sentido. Le presentaré al profesor un examen tan malo, que le va a mantener confuso durante días. Voy a escribir una porquería de examen, respuestas que no tengan que ver nada en absoluto con las preguntas. Voy a demostrar cómo un estudiante hace un examen auténticamente malo. Será el examen más ridículo que tenga que calificar en toda su carrera.” Pensando en estas cosas, me estaba riendo para mis adentros, cuando me tocó examinarme. Lo crea o no, comprendí perfectamente cada pregunta. Me sentía relajado y, por raro que ello parezca, en un estado de humor magnífico. Pasé el examen y obtuve una buena calificación”.

Así pues, la intención paradójica cura el miedo. Si a propósito intentamos tenerlo, no podemos.

Para Frankl lo más importante de la intención paradójica es usar deliberadamente el sentido del humor. Comenta al respecto, que es increíble que ”hasta ahora no se haya tomado al humor lo su suficientemente en serio”.

La intención paradójica nos enseña a bromear acerca de nosotros mismos, de reírnos y ridiculizar nuestros propios miedos. Esto en virtud de la capacidad del ser humano de autotrascender para olvidarse de sí mismo, entregarse y abrirse a encontrar un sentido a su existencia.

Otro caso es el del señor que teme le suden las manos al saludar a alguien. Frankl le dice que al hacerlo, se imagine que van a escurrir ríos de agua de sus manos. En el momento en el que logra imaginarlo nota como sus manos ya no se humedecen. Frankl le dice que se imagine diciéndole al otro: Disculpe por tanta agua, pero es que así sudan mis manos. Santo remedio.

Una joven, en su primera consulta se mostraba nerviosa y tartamudeaba. En lugar de que el doctor le dijera lo que naturalmente se espera: “Relájese, no tenga miedo “,o ”tranquilícese” lo que sabía aumentaría su tensión, le dijo precisamente todo lo contrario: “Linda, quiero que esté usted lo más tensa que pueda, y que se ponga lo más nerviosa posible”. “Muy bien -dijo-eso me resulta fácil” .Intentó ponerse más nerviosa aún. De pronto se dio cuenta de lo cómica que resultaba tal situación y dijo: “Estaba realmente muy nerviosa, sin embargo ya no lo puedo estar. Es curioso, pero cuanto más intento ponerme tensa, menos lo consigo”.

La intención paradójica nos permite alejarnos de nosotros mismos para observar nuestros patrones de conducta con sentido del humor. Es un alivio saber que al reírnos, podemos salir de los miedos y las reacciones automáticas para ver el poder desafiante de nuestro espíritu humano en acción.

¿No cree usted?

Gaby Vargas