1-
Frankl, V. E. (1996), “El hombre en busca de sentido”.
Barcelona. Editorial Herder.
2-
El libro trata de la visión que tiene un psiquiatra que
estuvo inmerso en un campo de concentración, sobre la
existencia y meta del hombre en la vida. También habla de
una nueva forma de terapia: la Logoterapia. Ésta se centra
en el significado de la existencia humana.
Acerca
de la vida en el campo, Frankl dice que muchos de los
prisioneros habían perdido todos sus escrúpulos en la
lucha por la existencia, que los mejores entre ellos fueron
quienes no regresaron. Existen 3 fases en las reacciones
mentales de los internados en el campo de concentración:
-
Internamiento en el campo: El síntoma que caracteriza esta
fase es el shock. También existía un estado de ánimo
llamado “ilusión del indulto”, que los llevaba a pensar
hasta el último momento que no todo sería tan malo. Se les
hacía a los prisioneros una primera selección en la que se
veía si eran destinados a trabajar en el campo o al
crematorio, luego llegaban a una fase de desinfección donde
tomaban conciencia de que su única posesión era la propia
existencia desnuda. Se constituye la fase culminante de la
reacción psicológica que era borrar de la conciencia toda
vida anterior. Surge la fría curiosidad ante todo lo que
les ocurría, la que luego se transformó en sorpresa al ver
que no siempre era lo esperado. Casi todos en algún momento
tenían la idea del suicidio, “lanzarse contra la
alambrada”, por lo que no temían a la muerte que les
ahorraba el acto de suicidarse. Frankl dice también que
como aquí sucedía, “ante una situación anormal, la
reacción anormal constituye una conducta normal.
La
vida en el campo: Se producía una fase de apatía relativa,
en la que llegaba una especie de muerte emocional. Se
torturaban por la añoranza de su casa y familia, además de
la repugnancia que les producía todo lo que les rodeaba.
Gracias a la insensibilidad, el prisionero se rodeaba de un
caparazón protector muy necesario. La apatía era un
mecanismo necesario de autodefensa, así, todos los
esfuerzos y emociones se centraban en la sola tarea: de la
conservación de la propia vida y la de otros compañeros.
Lo que más dolía era la agonía mental causada por la
injusticia, por lo irracional de todo aquello.
En
los sueños y la vida se producía una regresión a
necesidades primarias, sobre todo el procurarse alimentos
puesto que el cuerpo consumía las propias proteínas y ello
iba minando su propia resistencia. A causa de la desnutrición,
el deseo sexual brillaba por su ausencia. El sentimentalismo
también desaparece y se produce una “hibernación
cultural” que sólo tenía por excepción la política y
religión.
Existía
la paradoja de que los menos fornidos eran a menudo los que
parecían soportar mejor la vida en el campo, y esto sucedía
porque quienes tenían una vida intelectual rica, eran
capaces de aislarse del terrible entorno retotrayéndose a
la vida interior y libertad espiritual.
Se
plantea también que cuando todo se ha perdido, el amor es
la meta última y más alta del hombre, por lo que su
salvación está en él y a través de él. Trasciende la
persona física del ser amado y encuentra su significado más
profundo en su propio espíritu, en su yo íntimo. También
la intensificación de la vida interior ayudaba al
prisionero a refugiarse contra el vacío, la desolación y
la pobreza espiritual de su existencia, devolviéndole a su
existencia anterior. A medida que la vida interior se hacía
más intensa, se sentía la belleza del arte y la naturaleza
como nunca hasta entonces.
El
sufrimiento ocupaba toda el alma y toda la conciencia del
hombre. Todo se supeditaba al fin de la supervivencia. Se
amenazaba toda la escala de valores que hasta entonces el
hombre había tenido, se acababan perdiendo los principios
morales. Si el hombre no luchaba contra ello, se terminaba
por perder el sentimiento de la propia individualidad, de
ser pensante, con una libertad interior y un valor personal.
Se consideraba sólo parte de la masa y su existencia se
rebajaba a nivel animal.
El
prisionero añoraba estar a solas consigo mismo y con sus
pensamientos. Anhelaba su intimidad y soledad, ante la vida
comunitaria impuesta. Temía tener que tomar una decisión o
cualquier otra iniciativa, puesto que consideraba al destino
dueño de sí y creía nunca se debía influir en él.
A
la apatía existente contribuían diversos factores como el
hambre, la falta de sueño, irritabilidad y complejo de
inferioridad.
A
pesar del hombre estar muy influido por su entorno, tiene
capacidad de elección y puede conservar libertad espiritual
e independencia mental, incluso en las peores situaciones.
Al hombre le pueden quitar todo menos su libertad, y es por
esto que el tipo de persona en quien se convertía un
prisionero, era resultado de una decisión íntima y no sólo
producto de la influencia del medio. Es esta libertad la que
hace que la vida tenga sentido y propósito. Una vida
dependiente de la casualidad, no vale la pena de ser vivida.
La
vida en el campo de concentración era una “existencia
provisional cuya duración se desconoce”, por lo que el
hombre no podía ver el fin ni aspirar a una meta última en
tales circunstancias. Existía una tendencia a mirar al
pasado como una forma de apaciguar el presente. Muchas veces
se olvidaba que una situación externa difícil le da al
hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá
de sí mismo. La realidad era una oportunidad y un desafío
que se podía aprovechar o ignorar.
Se
muestra muy bien lo que Nietzsche decía: “Quien tiene
algo porque vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”.
Por otro lado, ningún hombre ni ningún destino pueden
compararse a otro hombre u otro destino.
Siempre
que era posible, en el campo se aplicaba los fundamentos de
la psicoterapia o psicohigene, tanto individual como
colectivamente. Dichas acciones se emprendían por regla
general con vistas a evitar los suicidios.
Acerca
de la psicología de los guardias del campo, se puede
afirmar que había algunos sádicos, y que se elegía a éstos
cuando se necesitaba un destacamento de guardias severos.
También, los sentimientos de la mayoría de los guardias se
hallaban embotados moral y mentalmente, por lo que aunque no
tomaran parte de acciones sádicas, tampoco las impedían.
Sin embargo había así mismo algunos que sentían lástima
por los prisioneros y eran bondadosos con ellos, por lo que
a pesar de existir dos razas de hombres, los decentes y los
indecentes, ambas se encuentran en todas partes y en todas
las capas sociales. El hombre es el ser que siempre decide
lo que es.
-
Después de la liberación: La realidad de la liberación no
penetraba en la conciencia. Se producía la
“despersonalización”, todo parecía irreal, improbable,
como un sueño. Desde ese día, la vida comenzó de nuevo y
se fueron convirtiendo nuevamente enseres humanos.
Lentamente
se podía devolver a aquellos hombres a la verdad de que
nadie tenía derecho a obrar mal, ni aún cuando a él le
hubieran hecho daño.
Amenazaban
también con dañar el carácter del prisionero liberado, la
amargura y la desilusión que sentía al volver a su antigua
vida. Algunos se encontraron con que nadie les esperaba.
La
logoterapia es menos retrospectiva e introspectiva que el
psicoanálisis; mira más bien al futuro. El paciente debe
enfrentarse al sentido, significado y fin de su propia vida,
para rectificar la orientación de su conducta en tal
sentido.
La
primera fuerza motivante del ser humano es la lucha por
encontrar un sentido a su propia vida: “voluntad de
sentido” en contraste con el principio del placer. Este
sentido es único y específico en cuanto es uno mismo y uno
sólo quien tiene que encontrarlo. Nosotros no inventamos
nuestra existencia, sino que la descubrimos.
Los
principios morales no empujan al hombre, sino que tiran de
él. La voluntad interviene siempre porque el hombre actúa
por una causa que lo identifica. La voluntad del hombre
puede también frustrarse, produciéndose así una frustración
existencial.
La
neurosis noógena nace del conflicto entre principios
morales distintos y la terapia adecuada para tratarla es la
logoterapia que penetra en la dimensión espiritual de la
existencia humana. Ayuda al paciente a encontrar el sentido
de su vida y no se limita sólo a hechos instintivos, sino
también se ocupa de la realidad espiritual y de su voluntad
de sentido. La búsqueda de ese sentido proviene de la tensión
y no del equilibrio interno. Tensión entre lo que se ha
logrado y lo que todavía no se ha conseguido, o el vacío
entre lo que se es y lo que se debería ser.
El
vacío existencial puede deberse a la pérdida de los
instintos animales básicos que dan seguridad al hombre, y
las tradiciones que habían servido de contrafuerte. En su
lugar se establece el conformismo y el totalitarismo. Este
vacío existencial se manifiesta enmascarado con diversas
caretas y disfraces.
El
sentido de la vida difiere de un hombre a otro y de un
momento a otro, lo que importa es el significado concreto de
la vida de cada individuo en un momento dado.
La
logoterapia considera que la esencia íntima de la
existencia humana está en su capacidad de ser responsable.
El papel del logoterapeuta es que veamos el mundo como
realmente es, la verdad se impone por sí misma sin
intervención de ningún tipo.
La
verdadera meta de la existencia humana no está en la
autorrealización, pues en la misma medida que el hombre se
compromete con el sentido de su vida, en esa misma medida se
autorrealiza. La autorrealización no pude alcanzarse como
meta en sí misma, sino cuando se toma como efecto de la
propia trascendencia. El sentido de la vida se puede
descubrir de 3 formas: realizando una acción, teniendo algún
principio y por el sufrimiento. Lo que importa es la actitud
que tomemos frente al sufrimiento, que deja de serlo cuando
se encuentra en él un sentido que se denomina suprasentido
cuando excede y sobrepasa la capacidad intelectual del
hombre.
La
transitoriedad esencial de la existencia humana no debe ser
pesimista, sino activista. En vez de posibilidades, se
cuenta con las realidades del pasado.
La
técnica de la logoterapia se basa en la “intencionalidad
paradójica”, por la cual se invita a hacer al paciente
precisamente aquello que teme o no quiere, aunque sea sólo
por un momento. Es un instrumento útil en el tratamiento de
fobias, obsesiones y compulsiones; principalmente en las que
subyace la ansiedad anticipatoria. Lo que puede romper el círculo
vicioso es la trascendencia de uno mismo.
El
vacío existencial es la neurosis masiva de nuestro tiempo.
Se produce el “pandeterminismo”, por el que el hombre
desdeña su capacidad para asumir una postura ante las
situaciones, siendo que es él quien se determina a sí
mismo. No se limita a existir, sino que decide cual será su
existencia y se trasciende a sí mismo.
La
libertad no es más que el aspecto negativo de cualquier fenómeno,
cuyo aspecto positivo es la responsabilidad.
El
hombre tiene dentro de sí la potencia de ser un cerdo o un
santo; de sus decisiones y no de sus condiciones depende
cual de ellas se manifieste.
3-
El texto es muy bueno puesto que a partir de una gran
sencillez, muestra la impresionante realidad de la
existencia humana en el ajeno mundo de los campos de
concentración. El hecho de que el autor sea protagonista en
su propia obra, le da un marco de realidad y sentimiento al
relato que le da un valor propio.
Por
otro lado, a pesar de acontecer lo anterior hace más de
medio siglo, tiene gran vigencia en nuestros tiempos, puesto
que su teoría y forma de ver la vida es aplicable a toda época.
Esto es porque se refiere a lo más intrínseco del ser
humano: la búsqueda de sentido en la propia vida.
4-
Acerca de mi propia vida, el texto me hace preguntarme en
primer e imperante lugar, sobre el sentido de mi existencia.
Hacia donde voy y que es lo que quiero en la vida.
Me
muestra nuevas pautas sobre el significado de sufrimiento y
la importancia de él en la existencia. Me pregunto si quizá
mi propia maduración o ideología se deba a su presencia,
lo cual es muy probable. De ser así prefiero sufrir lo que
me ha tocado que haberme privado de ello, ya que el
crecimiento del alma siempre es mayor que el dolor que ese
proceso conlleve.
Más
que plantearme preguntas e interrogantes, este libro
soluciona y contesta muchas. Es a la vez una especie de
manual para la vida, puesto que su temática se refiere a lo
más trascendental de lo que respecta a ella.
5-
“El hombre en busca de sentido” es un texto de
crecimiento personal y una muestra de nueva esperanza para
el mundo. Esto es porque revela que hasta en las peores
circunstancias, siempre es posible hallar algo positivo y
encontrar en la vida un camino. Enseña también acerca del
valor de la libertad y la capacidad del hombre de
autorrealizarse a partir de la búsqueda del sentido de la
propia existencia. Muestra el cómo es posible sobrevivir y
encontrar un sentido hasta en los peores momentos.
Es
rescatable además la forma clara y amena en que está
escrito, lo que facilita y ayuda a asimilar mejor lo que aquí
se plantea.
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