Leonardo
Buero
EL
SENTIDO DEL
TRABAJO
"Cuando
alguien trabaja,
se perfecciona a sí mismo"
(Gaudium et
Spes)
Una
muchacha termina su turno en un supermercado y sale
exclamando: ¡"libertad!, ¡libertad!".
Un joven
compra un billete de lotería y expresa: "si
llega a salir... lo primero que hago es dejar de
trabajar". Un hombre mayor mira un almanaque y
cuenta los días que le faltan para poder jubilarse.
Parecería
que la verdadera vida comienza después del trabajo.
Siempre
me pareció muy interesante escuchar en distintos ámbitos
rioplatenses y de diferentes personas, la expresión
de un deseo permitido por un evento azaroso. Es decir,
en la posibilidad de obtener, juego de azar mediante,
un monto de dinero considerable, en primer lugar: para
dejar de trabajar. Luego, lo demás: comprar,
viajar, regalar, etc.. Parecería ser que la expresión
bíblica: "ganarás el pan con el sudor de tu
frente" (Gén 3,19), trae este sufrimiento
vinculado al trabajo. Desde esta expresión es más un
castigo que otra cosa.
También
en la mitología griega encontramos esta idea: es el
trabajo de Sísifo que arrastra la piedra montaña
arriba y no bien llega a la cima vuelve a bajarla al
valle; y así sucesivamente, toda la vida, toda la
eternidad.
¿Tiene
sentido el trabajo?, ¿Qué sentido tiene el
trabajo? Si Dios hecho hombre en Jesús, trabajó,
realizó un oficio como el resto de los humanos, ¿tendrá
sentido el trabajo?
La
Logoterapia, especializada en el "sentido"
de las situaciones de la vida, ¿puede aportar algo a
nuestro trabajo cotidiano? Mediante este
"trabajo" trataré de responder a estas dos
preguntas.
PRINCIPALES
CONCEPTOS
DE
LA LOGOTERAPIA
Según
Alfred Längle, "la Logoterapia es un método
de tratamiento basado en el descubrimiento de
sentido".
Para
algunos, la Logoterapia ("logo" significa
sentido), mucho más que un método psicoterapéutico,
es una manera de ver el mundo, y se convierte poco a
poco para quienes la conocen en una forma de vida,
alrededor de la cual todo tiene un significado
profundo y vivo. Así lo testimonian los más de 400
alumnos que han pasado en los últimos cinco años por
el Instituto de Logoterapia del Uruguay, de los cuales
una absoluta minoría son profesionales de la salud o
docentes.
La
antropología que da sustento a esta Logoterapia se
denomina "Análisis existencial".
Éste
propone que la libertad y la responsabilidad de la
persona ante su existencia y ante las preguntas que la
vida le formula en diversas situaciones la ubican
siempre ante un sentido. La responsabilidad se
entiende como la capacidad de responder a la
vida que interroga mediante diferentes situaciones.
Cada persona es el ser que responde. Cuando pregunta a
la vida el "¿para qué?" de situaciones
vitales, invierte esta capacidad de responder. La vida
no responde, pregunta; el ser humano es el que
contesta.
El
concepto de libertad se explica en una hermosa frase
de Viktor Frankl:
"Los
que estuvimos en los campos de concentración
recordamos a los hombres que iban de barracón en
barracón consolando a los demás, dándoles el último
trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos
en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que
al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa;
la última de las libertades humanas: la elección
de la actitud personal ante un conjunto de
circunstancias para decidir su propio camino."
El ser
humano no es libre para elegir padecer o no padecer
una enfermedad, una pérdida o un fracaso. Sí es
libre de elegir íntimamente cómo quiere vivir estas
situaciones. Es decir, sus respuestas. No es tanto lo
que sucede sino lo que hago con eso que sucede.
Para
Frankl, cada persona busca ante todo y en todo, un
sentido o significado. Cuando éste se pierde estamos
ante una situación de vacío existencial, capaz de
engendrar enfermedades psíquicas y físicas. Dice Längle:
"El ser humano está poseído por el afán de
sentido hasta el punto de ser incapaz de querer algo
que carezca de sentido para él".
Esta
"voluntad de sentido" es el motor,
fuerza primaria o motivación de todo lo que una
persona emprende y más aún de su vida misma. Cuando
no vemos o intuimos el sentido de nuestra vida o de lo
que hacemos, nos sentimos vacíos y agobiados.
Para
Frankl, el placer y el poder, son desplazados por el
"sentido", aspecto central que subordina a
los anteriores. Esos dos impulsos predominan en el
hombre cuando ya pre-existe una situación de vacío
existencial, sustituyendo a la voluntad de sentido
pero creando un estado de insatisfacción. La voluntad
de sentido es una característica natural de un ser
que decide, elige y construye su historia, según los
filósofos existenciales.
La
condición fundamental del hombre es ser interpelado
por la realidad que vive.
En cada
situación, algo nos sale al encuentro: nos
"aborda", nos "interpela", nos
afecta. Actuar con sentido es responder a estas
preguntas, a estas propuestas de la situación e
intentar hacer lo mejor posible de ellas. El sentido
de la vida está dado por la suma de cada uno de estos
actos individuales.
Al
responder a estas preguntas que formula la vida
estamos optando. Cada situación que se nos presenta
amerita una respuesta que desecha otras.
En cada
instante se pueden realizar acciones distintas, pero
existencialmente realizo una.
Dice José
Fabry: "Algunos filósofos como los
existencialistas franceses Sartre y Camus, sostienen
que la vida no tiene sentido, pero que los seres
humanos necesitan preocuparse por dar sentido a sus
vidas; por lo tanto cada uno imprime a su vida el
sentido que selecciona para sí mismo. Los
existencialistas alemanes, incluyendo a Viktor Frankl,
afirman que el sentido existe y que es uno mismo el
que tiene que descubrirlo".
Si ahora
realizo una de estas posibilidades estoy anulando al
mismo tiempo los otros valores. Ese valor que realizo
es el sentido que se actualiza mediante un valor
determinado. Cada situación es única y el hombre
debe intuir qué sentido encierra: una oportunidad de
actuar de manera significativa.
El
sentido de la vida de una persona es el
conjunto de decisiones que ha tomado a lo largo de su
existencia.
Para la
Logoterapia, el "lugar" por excelencia del
sentido es la conciencia del ser humano; es la
que intuye el sentido escondido, el valor, en cada
situación. Y los valores son universales.
"El
sentido al que se refiere la Logoterapia es el sentido
que se oculta en una situación concreta que afronta
una persona concreta. Se trata de un sentido
potencial, es decir, un sentido que necesita ser
actualizado justamente por la persona en cuestión,
que se siente invitada a escuchar la ‘llamada’ que
parte de él" (Frankl).
El
sentido de la vida no es una noción teórica. El
sentido de la vida es algo práctico. "... No
basta con preguntar por el sentido de la vida; hay que
responder a él enfrentando la vida misma, de donde se
desprende que esta respuesta ha de darse, en cada
caso, no con palabras, sino con hechos, con la
conducta".
Principios
en los que se basa
la
Logoterapia
·
La vida tiene sentido
bajo
cualquier circunstancia.
·
El ser humano es dueño de una voluntad de sentido, y
se siente frustrado o vacío cuando deja de ejercerla.
·
El ser humano es libre, dentro de sus obvias
limitaciones, para consumar el sentido de su
existencia.
Cumplimos
el sentido de la existencia realizando valores. Esta
realización de valores puede producirse por tres vías:
•
Valores creadores:
es aquello que ofrezco al mundo a través de lo que
aporto, mi trabajo, la creación artística, etc.
(Dar).
•
Valores vivenciales
o de experiencia: es todo lo que recibo del mundo,
como la naturaleza, las obras de arte, una puesta de
sol, el amor, etc. (Recibir).
•
Valores de actitud,
cuando por hechos inevitables de la vida, tengo ante mí
la posibilidad de asumir una actitud digna y valiente
frente a ese destino doloroso que no puedo cambiar.
En la
propuesta que hace Frankl sobre estos tres caminos por
los cuales encontrar el sentido, siempre ubica en
primer lugar a los valores creativos (el trabajo
humano).
El
Trabajo como
posibilidad
de sentido
Frankl,
si bien fue un notable filósofo, ante todo fue una
persona eminentemente práctica. Quizás por esto
considere a los valores creativos (vinculados al
hacer, al trabajo) como los primordiales para
encontrar el sentido de la vida.
El
hombre, al ser responsable (capacitado para responder)
encuentra su realización concreta en el trabajo.
El
trabajo representa el espacio en el que la persona única,
irrepetible y finita, encuentra su vinculación con la
comunidad. Allí la existencia singular cobra sentido
y valor. Más allá del trabajo específico importa la
obra. "No es, por tanto, una profesión
determinada la que da al hombre la posibilidad de
realizarse. En este sentido, podemos decir que ninguna
profesión hace al hombre feliz."
Ciertamente
nos encontramos con personas que explican sus
frustraciones y padecimientos en la imposibilidad del
ejercicio o estudio de una profesión. Sin embargo,
para Frankl, esto es una forma de tergiversar el valor
de la obra. No es la profesión la que produce
insatisfacción sino la manera de ejercerla.
Desde la
originalidad y creatividad de cada existencia,
cualquier trabajo (aun el más mecánico y monótono)
recibe ese algo personal y específico de cada uno.
La
profesión o la tarea a realizar son el simple marco
de posibilidades de realizar una obra personal.
La tarea se ve trascendida por ese "toque"
humano.
"Llegamos
a la conclusión de que lo que hace de la vida algo
insustituible e irreemplazable, algo único, algo que
sólo se vive una vez, depende del hombre mismo,
depende de quien lo haga y de cómo lo haga, no de lo
que se haga" (Frankl).
Al decir
del poeta Hillel: "Si no lo hago yo, ¿quién
lo hará?; si no lo hago ahora, ¿cuándo lo haré?;
si lo hago sólo para mí, ¿quién soy?".
Muchas
veces, el vínculo natural que existe entre una
persona y su trabajo, en cuyo ámbito encuentra la
posibilidad de realizar su existencia singular
mediante valores creativos, se encuentra desvirtuado.
Condiciones de trabajo indignas del ser humano hacen
que se deba llevar esta realización al campo del
trabajo libre, voluntario, recreativo.
Y más aún:
desempleado es diferente a deso-cupado. Siempre
podemos encontrar un espacio para realizar una tarea.
Citemos la frase de Ibsen: "Yo vivo para hacer
poesía, pero si las cosas cambian, voy a hacer poesía
para vivir".
Frankl
plantea que se comprende el valor existencial del
trabajo cuando se pierde. Allí surge la
"neurosis de la desocupación",
caracterizada por un estado de peligrosa apatía. Al
decir de Frankl: "Estos hombres van sintiéndose
cada vez más incapaces de estrechar la mano que se
alarga hacia ellos brindándoles ayuda para salir del
pozo en el que están metidos". La vaciedad
del tiempo, de la acción laboral, se transforma en
vacío interior, de sentido. También aquí se cae en
la trampa de justificar fracasos y errores ya que todo
remite a esta situación: "si tuviera
trabajo...". Son personas que nada se exigen a sí
y que no toleran la exigencia de los demás. El estar
desempleados los exonera de tener una vida
responsable, de dar cuenta de sus actos, de asumir una
actitud activa. En cambio, existe otro
"tipo" de desocupado.
Son
aquellos que "...saben emplear racionalmente
el tiempo excesivo que disponen, y dan, con ello, una
plenitud de contenido a su conciencia, a su tiempo y a
su vida. Han comprendido que el sentido de la vida del
hombre no se reduce en modo alguno, al trabajo
profesional; puede quedarse sin trabajo sin que por
eso se vea obligado a reconocer que su existencia
carece de todo sentido."
Son
aquellos capaces de mantenerse libres, sin caer
ni en la apatía ni en la depresión. Gente que
encuentra actividades fuera de las típicamente
profesionales: trabajan como voluntarios en centros de
ayuda comunitaria, merenderos, acuden a charlas, leen,
se dedican a tareas hogareñas, están más con sus
hijos, etc.. Son los que en un plazo determinado
vuelven a conseguir un trabajo. Así lo confirman las
experiencias de los Centros de Atención Logoterapéutica
y Psicológica ubicados en barrios de la periferia de
Montevideo y que asisten gratuitamente a la población.
Aquellos desempleados que caen en la desocupación,
pierden el sentido, se abandonan, cada vez encuentran
más obstáculos para presentarse en busca de un nuevo
trabajo. En ocasiones consiguen entrevistas pero su
aspecto y actitud general los conducen al fracaso. En
cambio, los otros cuentan con muchas más
posibilidades. En ocasiones, luego de su tarea como
"voluntarios" se los toma como asalariados.
NO
SE PUEDE VIVIR
SÓLO
PARA TRABAJAR
La
Logoterapia describe dos orientaciones extremas de los
valores: una es piramidal y la otra horizontal.
En la
estructura piramidal, un valor está en la cima y es
dominante, mientras que otros son menos importantes.
El hombre que vive sólo para su trabajo es un claro
ejemplo. ¿Qué pasará cuando se jubile o en el peor
de los casos pierda el trabajo? Estas personas que
viven alrededor de un núcleo central corren el riesgo
de perderlo y que su existencia se derrumbe.
El
individuo con una orientación horizontal de valores
tiene varias áreas "significativas" que
coexisten. Si se desmorona una, encuentra otras
laterales en las cuales apoyarse y no cae en una
situación de vacío existencial. Si un valor se
pierde, muchos permanecen. "Los valores
horizontales son un seguro contra una vida vacía"
(Fabry).
Es tarea
de prevención terapéutica ampliar el círculo de
intereses y reorientarlos horizontalmente. Es esta
reorientación la que permite percibir posibilidades más
amplias de sentido.
"El
trabajo es uno de los grandes lugares comunes de la
vida. El trabajo puede ser una bendición, un castigo,
una ocupación, una plegaria, una fuente de alegría.
Depende únicamente de nosotros. Podemos hacer cosas
pequeñas con un alma grande; y las cosas grandes con
un alma fría y mezquina. El secreto de la dignificación
del trabajo está en el alma del que lo realiza"
(Roque Schneider).
Desde
esta perspectiva podemos afirmar que el ser humano
"es" mediante lo que hace, y que el
trabajo tiene sentido cuando se manifiesta de manera
creativa y recreativa. El trabajo tiene sentido en la
medida en que es una posibilidad de realización
concreta de valores creativos. Es lo que le doy al
mundo y a la comunidad y eso habla de mí.
Considerando que el hombre está en permanente búsqueda
de sentido en lo que hace y vive y que en la medida en
que lo encuentra desarrolla este bienestar
existencial, la Psicología Laboral puede tomar este
aporte. Ya que cuando nos descubrimos libres,
responsables y con una existencia única, singular y
finita, encontramos un acicate para dar respuestas
vitales en el trabajo.
La
pregunta que interroga por el sentido de la vida
obtiene su respuesta más concreta no con la palabra,
sino con los hechos de la conducta del trabajo, de una
manera ciento por ciento activa y responsable; hechos
éstos que definen lo insustituible e irreemplazable
del ser humano, porque quien no comprenda el sentido
peculiar de su propia existencia, singular y única,
se sentirá, necesariamente, paralizado en las
situaciones difíciles de la vida. Y mientras los
valores creadores ocupen el primer plano en la misión
de su vida, el campo de su realización concreta
coincidirá necesariamente con el de su trabajo.
Por eso
podemos afirmar que no es una profesión determinada
la que nos da la posibilidad de realizarnos, o sea,
que ninguna profesión hace al hombre feliz; lo
hace el modo en que se ejerce.
En
conclusión, lo que hace de la vida de cada persona
algo insustituible e irreemplazable, algo único, algo
que sólo se vive una vez, depende de la misma
persona. Depende de quién lo haga y de cómo lo haga,
y no de lo que se haga.
Cuando el
trabajo no es más que un medio para ganarse el
sustento indispensable para vivir, la
"verdadera" vida empieza cuando termina el
trabajo (entendido como no-trabajo), y comienza el
tiempo libre; en tal situación, el sentido de la vida
del hombre por medio de su trabajo, obligado a
desenvolverse en tales condiciones, se buscará en el
modo de aprovechar el tiempo libre y personal.
Asimismo,
debemos tener en cuenta que la capacidad de trabajo no
es todo, ni razón suficiente y necesaria para
infundir sentido a nuestra vida, pues podemos tener
capacidad de trabajo y, sin embargo, llevar una vida
carente de sentido. No debe confundirse la plenitud
del trabajo con la plenitud del sentido de vida
creadora.
En
ocasiones encontramos gente que los domingos padece el
tedio agobiante de no tener algo que
"hacer", "trabajar". Huyen de sí
mismos como forma de evitar el vacío interior, ya que
al frenar el ritmo laboral de toda la semana, queda al
desnudo la pobreza de sentido de la vida cotidiana.
Si en la
filosofía tradicional el trabajo es un valor
universal, en Frankl este mismo valor será la decisión
que sobre el trabajo ha tomado un individuo a lo largo
de su vida. Es lo mismo pero con otra visión: en
cada momento de nuestra vida se nos plantean ocasiones
para realizar valores. Si yo en este momento hago
lo que tengo que hacer (soy responsable pues respondo
a la vida que me interpela), cumplo con mi deber y eso
le va dando sentido a mi vida. Desde este punto de
vista, el camino para madurar como ser humano es
cumplir en cada instante lo que debo hacer.
Esos son
los valores absolutos para una persona: si ha
trabajado, si ha dado respuestas a la vida con su
hacer concreto, ése es el sentido de su vida.
La misión
del logoterapeuta será "levantar la lámpara"
e iluminar el sentido del trabajo, como factor de estímulo
y motivación, de responsabilidad y creatividad...
Leonardo
Buero
Bibliografía:
-
José Fabry, Señales del Camino hacia el sentido,
Ed.
LAG, 2001.
-
Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido,
Herder, 1996.
-
Viktor Frankl, Lo que no está escrito en mis libros,
San Pablo, 1997.
-
Viktor Frankl, Psicoanálisis y Existencialismo,
Ed. FCE, 1997.
-
Alfred Längle, Una biografía,
Herder, 2000.
-
Elizabeth Lukas, Una vida fascinante,
San Pablo, 1994.
-
Wenceslao Vial Mena, La antropología de Viktor
Frankl, Ed.
Universitaria, 2001.