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Introducción:
Decía
mi maestro el Dr. Marañón que las comunicaciones científicas
debían leerse y no meramente relatarse para asegurar la
necesaria precisión en conceptos o datos.
Ordinariamente
en nuestros cursos y lecciones sin embargo procedemos a la
exposición libre lo que facilita la atención y el interés.
Mas hoy voy a aplicar el consejo de Marañón debido a
la complejidad y dificultad del tema en el que es fácil la
equivocación o la mala interpretación. Pues no nos
enfrentamos con conceptos
bien definidos, ni con conclusiones lógicas y
racionales sino con problemas que afectan al fondo humano de
la persona y que
solo obtienen una cumplida comprensión desde las ciencias del
espíritu.
Pues
ya adelanto que el sentido de la vida y de la muerte
son atributos que el sujeto consciente adscribe a su
ser y a su actividad en
su medio y como tales, son actos de su voluntad.
Aceptando
esta premisa dividiré mi exposición en dos partes:
En
la primera examinaré el concepto “sentido de la vida y de
la muerte” desde cuatro perspectivas: Religiosa, Filosófica,
Humanistico-Psicoterapéutica Situación sociológica
actual.
En
segundo lugar explicaré desde el punto de vista
psicopatológico el porqué y el para qué del sentido
de la vida..
1. El
Concepto de Sentido de la Vida y de la Muerte.
El sentido de la vida y de la muerte consiste en la
respuesta individual o social que
se dé a los
interrogantes básicos del
hombre y que surgen concomitantemente con la aparición de la
consciencia del yo, que es lo mismo que decir con la aparición
de la mente.
Estas preguntas son:
¿Porqué estoy aquí vivo en el mundo? O
mejor aún: ¿Cual
es la finalidad ultima de mi vida? Alrededor de esta pregunta
básica aparecen todas los interrogantes escatológicos sobre
el origen del mundo, el porqué del bien y del mal, tanto físico
como moral como bases
de la organización social y las fuerzas que han de sustentar
las normas morales y jurídicas de las sociedades humanas. Por
lo tanto las respuestas a estas
preguntas sustentan toda la organización social
configuran la cultura intrínseca de cada sociedad o grupo.
Son preguntas clave también respecto la estabilidad psicológica
individual, motoras de sus motivaciones y reguladoras de su
conducta y por lo tanto depende de ellas esencialmente la
satisfacción y felicidad del individuo con su vida y su
actitud ante su propia e inevitable
muerte.
Por ello mismo puede afirmarse que la cuestión del
sentido de la vida surge en el contexto social, es transmitida
al niño como contenido cultural e ideológico y se transforma
en el joven al compás de su curso biográfico, permitiendo
en el adulto modificaciones bien a nivel personal o
bien por identificación con otras opciones que pueda ofrecer
el medio social en el que se desarrolle el sujeto.
El estudio de la historia y de la antropología
cultural permite afirmar que todas las sociedades
humanas se han planteado estas preguntas y han
elaborado unas respuestas. Es evidente sin embargo que el
grado de preocupación o participación de los individuos
concretos en dichas creencias puede ser variable. Sin duda
mucho más estricto y fiel en culturas primitivas dotadas de
un solo abanico de respuestas y mucho más laxa y diversa en
sociedades avanzadas o abiertas o sometidas a diversos
influjos culturales que permiten al individuo escoger o bien
crear sus propias respuestas.
Si bien todas
las sociedades humanas ofrecen al menos un sistema creencial
de respuestas al sentido de la vida, es evidente que desde el
punto de vista individual no todos las
personas aceptan, producen o se interesan por “el
sentido de la vida”. Este
mismo hecho permitiría
calificar su “falta de interés” por el tema como típico
de la instalación
en el mundo el que
el antropólogo Von Gebstattel califica de
“Vida inatutentica” y que cree descubrir en muchos
psicópatas, y en enfermos mentales, pero que nosotros creemos
aparece también en personalidades normales pero sencillas,
por su cultura o su medio, y que viven a espaldas; es decir,
solo implícitamente, la cultura de la sociedad a que
pertenecen.
Por lo tanto afirmamos que todas las sociedades y
culturas ofrecen respuestas a las preguntas escatológicas
entre las que se encuentran las relativas al sentido de la
vida, pero que no todos los individuos concretos desarrollan
la necesidad de hacerse dichas
preguntas y de responder a ellas.
Creo que es muy importante
a efectos de las ciencias del ser,
y dentro de ellas la psicología y la psicopatología ,
el diferenciar adecuadamente las ideas “superiores” que
desarrollan las “inteligencias” de la sociedad, de las
ideas mostrencas del individuo y ciudadano llano que vive
preocupado de sus necesidades e intereses cotidianos y que
solamente se plantearia respuestas de este tipo ante una
encuesta o bien,
como describe Jaspers, en momentos límites de su existencia
como son la adversidad, el dolor o la cercanía presentida de
la muerte.
2. Las diversas ideologías
respecto el sentido de la vida.
A continuación vamos a reseñar
los contenidos más generales de las respuestas al
sentido de la vida desde los tres puntos de vista antedichos:
Religioso, filosófico Humanístico
psicoterapéutico y Situación social actual.
a.Religioso.
Los
positivistas creyeron que el desarrollo cultural de la
humanidad y de las culturas particulares seguiría un orden
preciso desde las concepción míticas
y religiosas a las filosóficas y racionales. Hoy
sabemos que no es así. Las distintas opciones coexisten.
Coexistió en Grecia clásica la creencia en su panteón
con el materialismo monista de Leucipo y coexisten en
nuestras días muchas
y más distintas formas creenciales
contradiciendo la creencia ( ella misma ingenua) de los
positivistas de la modernidad
que auguraban la extinción de toda creencia religiosa
aun filosófica para ser sustituida por el saber racional.
En la ultima parte de esta lección abordaremos el
porqué de este hecho desde el punto de vista psicológico.
Las respuestas religiosas contienen la creencia en
seres superiores a los hombres dotados de consciencia y
voluntad por que es
posible apelarles
en las necesidades humanas.
Por lo general se adscribe a ellos la creación del
mundo y la administración de una justicia compensatoria de
los sufrimientos, sea en este mundo o en un
supuesto el venidero y todo ello se integra en una
cosmogonia – origen del mundo y de la vida – en la cual
encuentra su lugar; es decir, el sentido la existencia humana.
Este sentido se muestra primeramente en
respuestas simples, por ejemplo: El hombre fue creado
por los dioses para que les den de comer, o les sirvan
o les entretengan jugando con sus destinos. La
respuesta cristiana antigua
de “glorificar a Dios” representa,me parece, una
herencia arcaica de estas
ideologías animistas . Respuestas de índole más abstracta
las encontramos en las religiones superiores y monoteístas
como el cristianismo en el cual la creación del hombre se
explica a partir de la bondad divina que quiere hacer
participe de su felicidad a otros seres como el hombre al cual
se le ofrece esta opción si cumple con su voluntad ( Es decir
con la voluntad divina siguiendo libremente el bien) El
sentido de la vida cristiano es por lo tanto claro y completo.
La vida en la tierra es una oportunidad para alcanzar la
salvación; es decir, la felicidad completa participando del
ser divino. La
vida actual es por ello prueba, y el mundo “valle de
lagrimas”. Algo parecido puede decirse del Islam. Puede
afirmarse que la doctrina de las reencarnaciones sucesivas
ascendiendo a seres superiores o descendiendo
a inferiores como consecuencia de la rectitud
o maldad moral
de las conductas es equivalente.
Por cierrto que esta creencia tan extraña a las ideologias
occidentales está aumentando enormemente entre nosotros. Veasé
la bibliografia citada. Caso curioso lo constituye el budismo
en el que no se encuentra escatología alguna, y en el cual la
satisfacción del propio bien obrar vale como recompensa a la
virtud. Por ello mismo podemos considerar el budismo
como una ideología de transición entre
las respuestas religiosas y las puramente filosóficas.
b.
Respuestas filosóficas.
Según ya dijo Nietzsche la filosofía puede
considerarse como una “teologia
disimulada” y efectivamente,
sucede a la misma en su intención de encontrar –
entre otras misiones – un sentido de la vida. Las ideologías
filosóficas a este respecto se caracterizan
por eliminar todos los contenidos escatológicos
suprameteriales buscando el porqué de las preguntas y la
investigación sobre las respuestas sobre el sentido de la
vida, en el propio ser y vivir de cada individuo. Ello inicia
el “humanismo”
que nace de aquel
axioma de Anaxagoras, según creo recordar, de que “ el
hombre es medida de todas las cosas”; es decir que debe
buscar en él mismo las respuestas a las preguntas que le
inquieten.
En cuanto que búsqueda y respuestas se enmarcan en el
solo individuo o en los grupos más reducidos de las escuelas
filosóficas representa una fase diferente y mas compleja de
la consciencia, tal como expondré en la ultima parte de esta
lección. Exige por lo tanto un mayor esfuerzo de abstracción
y de voluntad de la persona y es por ello más inestable en
cuanto a su seguridad subjetiva y en cuanto a su estabilidad
en el tiempo biográfico. Aquí intentaré presentar algunos
contenidos clasificados en orden de más a menos proximidad
con las Fes religiosas.
La apuesta agnóstica.
Pueden aquí alinearse a Pascal con su celebre apuesta
por la Fe, y entre los antiguos a Ciceron en su tratado sobre
la Inmortalidad del Alma y a Unamuno entre los modernos. Mas o
menos puede formularse como sigue. No podemos probar por la
razón la existencia de Dios que sustentaria un sentido de la
vida y de la muerte religioso,
pero cabe la duda y en la duda nuestra voluntad apuesta por lo
más favorable que es la aceptación de la Fé
y la Esperanza en la salvación definitiva integrándose
el sujeto en la vida tras la muerte en la gloria divina.
Esta posición es altamente inquietante y es evidente
que no satisface ni puede satisfacer plenamente. Pienso que
puede ser enunciada pero no aceptada
lo que produce o-
o es producido – por personalidades angustiosas e inseguras.
Admite, en todo caso
la posibilidad de que determinadas cuestiones escapen a
la misma no pudiendo negar por la via racional.
por lo tanto, las creencias religiosas de otros grupos
o personas.
Un caso aparte lo ofrece Epicuro. La opinión sobre el
epicureismo ha sido degradado en tiempos históricos como
doctrina esencialmente asocial ante su defensa del hedonismo:
Nada más erróneo. Epicuro
mantuvo una vida ejemplar de solidaridad hacia sus
semejantes, de reciedumbre
ante el sufrimiento y de equilibrio mental y físico
en la salud y en la enfermedad. Sus tres máximas podrían
ser suscritos por muchos hombres actuales. : "Si los
dioses existen no se ocupan de nosotros. La vida es bella y el
sufrimiento puede ser siempre superado. El fin de la vida es
la consecución del placer por la vía de la ética."
Seguramente mejor que la traducción clásica de “placer”
deberíamos utilizar el término: satisfacción; en cuanto
satisfacción de las necesidades materiales y espirituales del
hombre.
Un caso singularisimo lo ofrece Kant que en la razón
pura se presenta como escéptico completo afirmando sin
embargo la escatología cristiana, no por razones practicas,
como simplemente suele aducirse sino por la aplicación de la
razón también impecable a la realidad humana concreta en la
sociedad y en la historia.
El ateismo simple. Supone un paso más del agnosticismo
basado en la evidente regla lógica de que “las premisas
afirmativas deben reputarse como falsas mientras no existan
pruebas a su favor, y que
las premisas negativas
son verdaderas en tanto no se demuestre lo
contrario". Así si afirmo que “existe un gato de tres
patas” será
falso mientras no pruebe
que existe, pero
si afirmo que “no existe un gato de tres patas” he de
creer que es verdad en
tanto no tenga pruebas de que sí que existe. Ahora la cuestión
se reduce a la presentación de pruebas irrefutables sobre las
respuestas de tipo religioso al sentido de la vida. Podemos
citar aquí a Bertrand Russell que tuvo la valentía de
expresarse abiertamente en su conocido ensayo “Porqué no
soy cristiano“ y que mantuvo en la B.B.C. por radio una
famosa polémica en una época aun restrictiva para tales
cuestiones.
El ateismo militante. Consiste en la negación
explicita de la existencia de Dios y la trascendencia tras la
muerte sustituyendo la escatología trascendente por una
escatología materialista histórica que afirma que el sentido
de la vida es la construcción de una sociedad perfecta –
por lo tanto utópica y por ello mismo inalcanzable – La
aceptación del sufrimiento, el mal etc. quedan explicados y
justificados, mientras que no se alcance esta sociedad
perfecta que persigue la actividad política - y aun bélica
de sus directivos. Las consecuencias históricas de esta
doctrina son conocidas por todos. Al lado del comunismo que
aquí someramente hemos citado puede colocarse toda doctrina
ideal que coloca el fin de la vida en metas sociales ajenas al
propio individuo.
Por otra parte el ateismo como negación explicita
constituida en ideología, puede considerarse
también como creencia que
suele ser sustituida por ideologías meramente políticas.
Una ultima
opción en la línea filosófica seria el nihilismo propagado
sobre todo por las escuelas existencialistas que dominaron a
la inteligencia europea en los años posteriores a las segunda
guerra. Sartre y Heidegger describen al ser humano como
arrojado e inerme a este mundo; obligado a vivir como una Pasión
Inútil, y presto por lo tanto a caer en la desesperanza y
en el suicidio.
c. El
sentido de la vida en el humanismo psicoterapéutico.
El psicoanálisis
según los análisis psicohistóricos
consumó el proceso denominado de desencantamiento que
conduce desde las cosmologias de Copernico
hasta nuestro momento actual de la llamada
posmodernidad, o como prefieren otros, hipermodernidad. El
proceso consiste en la destrucción de las creencias
tradicionales místicas
y religiosas que explicaban el orden del mundo y el sentido de
la vida, al ser sustituidas por el avance del conocimiento
racional. El hombre es destronado de su puesto central en el
Cosmos, por Copernico, de su puesto único en el mundo biológico
por Darwin, aún
el origen del universo
encuentra su explicación
en la teoría de la gran explosión a partir de una
“fluctuación cuántica“ . El psicoanálisis por ultimo
descubre los entresijos del alma humana sometida también a
reglas que socavan su libertad.. Estas
“humillaciones sucesivas” de la cosmovisión, al
menos en el mundo occidental, ponen también en entredicho
el sentido de la vida. El psicoanálisis ortodoxo
centrado exclusivamente en la búsqueda de la
satisfacción y la
evitación del dolor, no era sin embargo suficiente
para gran numero de espíritus que seguían sintiendo
dolorosamente la ausencia de un sentido radical de la vida que
diera sentido precisamente al sufrimiento que nunca puede ser
anulado, dada la experiencia insoslayable de la enfermedad y
de la muerte además de los avatares de la vida humana y del
acontecer histórico. El
propio vigor del psicoanálisis desde su seno y en sincretismo
sobre todo con las
medicinas neohipocráticas y la Escuela de Sociología de
Frankfurt crea la línea, primero del análisis existencial y
después de la psicoterapia humanística en la cual destacan
sobre todo E. Fromm y V. Frankl. Por ser menos conocido y además
en mi opinión muy superior al primero, voy a detenerme en la
ideas del segundo.
Víctor Frankl se ha considerado como creador de la
tercera línea de psicoterapia vienesa. Seria la primera la de
Freud naturalmente y la segunda
la de A. Adler. Frankl tuvo algún contacto con Freud
pero desarrolló básicamente su doctrina tras su experiencia
en el campo de concentración Nazi de Buchenwald
en el que estuvo preso. Su reflexión sobre el sentido
del sufrimiento dentro de un humanismo laico y la voluntad de
sobrevivir aun en aquellas penosas circunstancias le ayudaron
a soportar aquellas condiciones infrahumanas así como ayudar
a otros detenidos. Frente al Psicoanálisis ortodoxo que
descarga sobre los instintos la explicación de la angustia y
las motivaciones de las conductas, Frankl propugna el poder
del espíritu y de la voluntad. Describe la neurosis noógena
como conflicto entre las creencias y motivaciones y apela a la
voluntad de encontrar " el sentido
de la vida" propio de cada persona y circunstancia
como fuerza capaz de superar el sufrimiento y las dificultades
de la vida.
Explora el sentido de la vida preguntando " ¿
Porqué no se suicida Vd. ?". Su psicoterapia por lo
tanto apela al consejo y dirección, no solo al apoyo,
reforzando o creando las creencias y la Fe en el deber de cada
persona en sus
circunstancias concretas tanto históricas como personales.
Existen estudios de validación y una amplia experiencia en
este tipo de terapia para los cuales remito a la bibliografía.
d.
Situación social actual.
Cuando
los sociólogos del modernismo siguiendo a los de la
ilustración positivista de Compte como
Durkheim y Max Weber postularon
la agonía de la religión, aparece a finales del siglo
XX y sobre todo a partir de la gran contestación cultural de
occidente de los años 60, una eclosión de múltiples ideologías
que sustituyen a la religión o bien representan formas
innovadoras de la misma. Por una parte
aparecen nuevos fundamentalismos casi todos con matices
políticos como el pacifismo, ecologismo y neonacionalismos,
por otra parte resurgen creencias
mánticas antiguas como
la astrología, la adivinación y las magias, por último
diversas manifestaciones de la vida publica arrastradas por
sus ídolos en las músicas, las competiciones deportivas o
las fiestas populares se sacralizan también. Esta sacralización
de la banalidad como ha sido denominada, invade los medios de
difusión, acapara los ánimos
y se constituye en formas implícitas de intereses y
creencias que sirven también a la constitución de “sentido
de la vida “. Un sentido de la vida, plano y anodino
adaptado al hombre masa de nuestra época, pero sin duda también
eficaz . A todo ello a la par que con el hundimiento de los
valores tradicionales centrados en la belleza, el orden, la
dignidad y la ética se ha denominado civilización, que no
cultura, posmoderna.
Presento
a este respecto una
tabla
de topologías
actuales de religión debido a E. Gil y Calvo. Las denomina
religiones laicas en cuanto está ausente de ellas el elemento
divino o trascendente conservando sin embargo el epíteto
“de salvación” en cuanto consiguen la finalidad de dotar
al individuo de un “sentido de la vida” orientador de su
conducta y ayuda
a la superación de sus angustias y posibles fracasos.
Una
posición especialmente importante, me parece, lo constituye
lo que Salvador Giner en la monografía que cito al final,
denomina Religión Civil. La religión civil, dice, está
constituida por las ceremonias públicas
tanto políticas como festivas que
integran a la sociedad civil; sean por ejemplo las
elecciones, las aperturas de los parlamentos, y los ritos
adjuntos a las actividades del monarca, o de los presidentes
de la republica en su caso. Todo ello complementa con las
“religiones privadas” descritas anteriormente
y ayudan al mantenimiento del Estado. Describe
pormenorizadamente las diversas celebraciones, ceremonias y
ritos de la religión civil en Estados Unidos y que conviven
con las celebraciones particulares de etnias, y religiones
explicitas. Es más; la debilidad
de la religión civil haría peligrar
la estabilidad sociopolítica. En este sentido esta
religión civil cumpliría el papel de las religiones
cristianas en el
antiguo régimen de los Estados Europeos y que precisamente
por ello tuvieron que ser sustentadas por los poderes políticos
originando las terribles guerras de religión.
Cabe
preguntarse si todas estas religiones modernas son suficientes
o son tan eficaces como las antiguas a la hora de cumplir
adecuadamente las funciones de dar sentido a la vida. En mi
particular
opinión, están efectivamente acordes con la mentalidad
del hombre actual,
a pero a
costa de aumentar la inseguridad del individuo confuso ante la
multitud de ofertas y proclive siempre a caer en los mundos
antihigiénicos individuales por ejemplo de la droga o
antihigiénicos
sociales como los de los fanatismos agresivos.
3. El cómo
y el porque de las preguntas sobre el sentido de la vida desde
el punto de vista psicopatológico.
En
toda situación de consciencia
el yo y la persona no solamente percibe los objetos del
entorno sino que éstos están siempre inmersos en
significados últimos en los cuales la escena presente
percibida se integra
en el conjunto
biográfico que fundamenta la persona del sujeto.
Es decir, según mi propia terminología, la percepción
se constituye en percatación y el conjunto de la escena
percibida obtiene un sentido respecto el yo del sujeto; por
ejemplo si el sujeto está en un aula
recibiendo una clase con sus compañeros, además de
percibir a cada uno de ellos
a la vez que las mesas y las sillas correspondientes
se percatará
de una escena presente, que es el hecho de estar en clase que
se enmarcará en un sentido,
en el sentido de su vida también, y por
el que desea
y tiene la esperanza de terminar una carrera, colocarse y
vivir satisfactoriamente de ella después.
Esta
atribución de significado y sentido a todos y cada uno de los
hechos de una vida y que la dotan de intencionalidad se
produce de forma automática en cada momento. Por ello mismo
mientras se vive y actúa, las motivaciones de la conducta son
el sentido de la vida en ese momento, y en caso de faltar
temeríamos el suicidio inminente como postulaba V. Frankl.
Por ello mismo desde un punto de vista psicopatológico
esa atribución de sentido que
admiraba a los sociólogos desde el punto de vista
psicopatológico es muy fácilmente comprensible. Otra cuestión
es el tipo y calificación moral o intelectual de los diversos
“sentidos del actuar y del vivir” que tenga cada persona
en cada momento. Sin ellos efectivamente no se puede vivir, y
de otra manera, repito se produce de forma automática en
cuanto hay vida psíquica
consciente.
Así
llegaríamos a la conclusión de que casi cualquier cosa,
creencia o motivo pueden
proporcionar ese “sentido de la vida“ y que solamente los
criterios de valor del sociólogo, ideólogo u observador
pueden negar su existencia o discriminar su
importancia.
RESUMEN:
En
el aspecto sociológico existen pues, dos grupos de personas.
El primero está formado por aquellas personas que se
preguntan explícitamente por el sentido de sus vidas y que
necesitan por ello un cuerpo de creencias que dé respuesta
concreta a esta necesidad. Aquí se encuentra la mayoría
creyente en formas superiores de religión o de filosofía. Un
segundo grupo no se pregunta explícitamente por el sentido de
sus vidas pero su
forma de vida expresa
su sentido de la vida implícito, que suele estar anclado en
formas más primitivas de tipo hedonístico y utilitario. Un
tercer grupo vivencia su falta o pérdida del sentido de su
vida. Ello caracteriza al depresivo, conduce a la desesperación
y potencialmente al suicidio. Este grupo, por lo tanto es el más
susceptible de recibir tratamiento psicoterápico humanístico
centrado sobre todo en la voluntad por encontrar un sentido a
la propia vida.
La psicopatología por lo demás
describe “el sentido” como una interpretación
automática en el proceso de percepción y por el cual dota a
la escena percibida y en
cuyo espacio y tiempo biográfico está inmerso el
paciente, dota, repito de una interpretación
suprema que contiene los porqués y los para qués del
mundo como ámbito de voluntad, acción y conducta; es decir,
lo que Von Uexkull denominaba el "mundo de acción"
( Werkwelt) que identificaba en ultimo termino al mundo
percibido. ( Merkwelt).
Está por ver si las formas posmodernas de religión
son suficientes para
mantener el nivel mínimo de la moral y de la ética
necesarios para la continuación de la vida en nuestra ya
pequeña tierra. Grandes pensadores creen
que no. Cito en concreto a Konrad Lorenz estudioso de
la naturaleza humana partir de su comparación con la de
nuestros ancestros animales. En su maravilloso libro
“
Los
Ocho Pecados de la Humanidad Civilizada", cita
algunos de estos sentidos de la vida que en alguna manera son
patológicos y pueden conducir a nuestra aniquilación.
Termino presentando a manera de tabla estos ocho pecados
capitales relegando a la reflexión del lector todo posible
comentario.
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Diaz
Salazar, Rafael; Giner Salvador; Velasco Fernando (edtrs.)
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Viktor
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20 ed. 1999
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von Uexkull: “Ideas para
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Buenos Aires. 2 Edición 1951.
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