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El ser humano
se caracteriza entre otras cosas por la inestabilidad acorde a
su condición de existente. Esa inestabilidad cesa solo con la
muerte, situación límite que anula toda posterior
posibilidad. Así el concepto de "existencia"
implica la transitoriedad del hombre y el permanente devenir
al que está expuesto, tal como afirmara Kierkegaard cuando
expresa que el hombre es "pura posibilidad".
Somos los artífices de nuestra propia vida y en la exigencia
que nos impone el optar se evidencia la tensión y el temblor
propios de la existencia.
El existente,
el ser-en-el-mundo, el Dasein de Heidegger está
constituido fundamentalmente por una triple relación, que
mantiene entre presencias, con los otros, y en relación
consigo mismo. Concientizarnos del desamparo, inconsistencia,
inseguridad e incompletud de nuestra existencia origina
angustia. La nada es descubierta por la angustia e ilumina el
ser del existir. Pero también es inherente a la existencia
humana la perspectiva de ser, de completarse, el anhelo de
lograr ser lo que aun no es. El temor y la angustia ante la
nada, la certeza de la temporalidad, permite la anticipación,
la proyección hacia el futuro.
Pero muchas
veces esa proyección hacia el futuro se ve limitada por una
"sociedad de opulencia que solo satisface necesidades,
pero no la voluntad de sentido. La tendencia radical del
hombre busca el sentido de la vida y pretende llenarlo de
contenido". Frankl expresa la situación del hombre
actual, con frustración existencial cargada de falta de
sentido y un gran sentimiento de vacío. De allí la
importancia de la Psicología Humanística en cuanto expresa
la necesidad de comprender la naturaleza del hombre que
experiencia y es protagonista de las experiencias.
El vacío
existencial no es una enfermedad en sí, sino que es el hombre
todo el que es vacío en acto, con su existencia conmovida en
plenitud; no es una afección de una parte del hombre sino que
se trata de una totalidad perturbada: es el hombre total que
experimenta una deficiencia vincular con los otros y consigo
mismo. Por eso la necesidad de una Fenomenología que apunte a
la analítica de la existencia para lograr la comprensión del
ser; buscamos des-cubrir la esencia, buscamos des-cubrir el
ser del existente como tal, des-cubrir el Dasein tal
como lo enunció Heidegger.
El Dasein
El Dasein
consiste en ser-en-el-mundo. No es un atributo sino que es su
constitución esencial. Es un ser que expresa mismidad en
tanto puede reflexionar sobre sí mismo y opera en un
rebasamiento hacia el mundo. La trascendencia se define
entonces como una estructura inherente a toda realidad, es
decir, implica un formar parte de las demás presencias. El
ser se da a conocer en el mundo; el mundo es aquello desde lo
cual me es concedido ser. En el mundo se corporaliza y
temporaliza la mismidad. Entonces, el hombre se revela desde
el mundo.
Ser-en-el-mundo
no comprende una relación entre dos polos: el ser humano no
puede ser sino en cuanto trasciende y proyecta un mundo de
posibilidades, que a su vez lo definen a él. Esas
posibilidades le implican responsabilidades para hacerse cargo
de las elecciones a las que arriba gracias a la libertad de
optar. Pero cuando este Dasein rehuye el esfuerzo y
desprecia el sentido; cuando no toma la posibilidad de su
existencia experimenta el genuino desamparo del vacío
existencial.
Distinguiremos
esta sensación de vacío existencial de la melancolía: el
melancólico no se hastía sino que se debate en su propia
depresión, que aprisiona su existencia en su totalidad; se
siente incapaz de reaccionar ante el abismo y está saturado
de pesadumbre y abandono. El melancólico está situado en un
presente inmediato donde actualiza distorsionadamente su
pasado: las situaciones vividas se ensombrecen y deforman,
rige la culpa, la mortificación, la tristeza.
Quien
experimenta la sensación de vacío experimenta su nada, su
abandono, su insuficiencia, su impotencia. Brota la tristeza,
el despecho, la desesperación en la insoportable
circunstancia de permanecer sin pasiones, sin ocupaciones, sin
consagrarse a una tarea. La persona pierde sus objetivos,
debilitándose su intencionalidad, en una fluctuación entre
el deseo de crear y la anulación del proyecto esbozado. Así
el vacío contiene potencialmente un intento de renovación de
sí y del mundo, pero las posibilidades inherentes se agotan
en la inconstancia y la desesperanza.
Una vida sin
sentido
La sociedad
actual nos ubica en una situación en la que las tradiciones
ya no suelen resultarnos válidas. Los valores acuñados por
siglos se van evaporando ante el cambio de paradigmas. En
palabras de Frankl, "ignoramos lo que tenemos que
hacer y lo que debemos ser". Entonces hacemos lo que
los demás hacen o lo que los demás pretenden que hagamos.
Caemos así en lo que la Logoterapia denomina "neurosis
noógena", que no implica una neurosis endógena en
el sentido tradicional sino que se origina por colisiones de
valores, por la frustración existencial
El hombre puede
o no tener sus necesidades primarias satisfechas y sin embargo
presentar una disfunción de su voluntad de sentido, de modo
que ésta es una motivación sui generis que no se deriva de
otras necesidades sino de la frustración existencial al no
poder autotrascenderse. En todo momento el hombre apunta a
algo que no es él mismo, hacia un sentido que cumplir o hacia
otra persona a la que ofrece su amor. Solo puede realizarse a
sí mismo cuando se olvida de sí mismo, de manera que en
circunstancias normales la meta no es el logro de la felicidad
sino que ésta es resultante de la consecución de la meta.
El sentimiento
de vacuidad implica no tener un sentido (o al menos no poder
des-cubrirlo), y es el motor mediante el cual la persona
intenta llenarse con contenidos que le ofrecen una satisfacción
sustitutiva, relativa y que desaparece a corto plazo. Drogas,
placeres desenfrenados, alcohol, dinero, una vida licenciosa
pretenden dar un sentido a la existencia vacía... Sin embargo
solo aumentan el vacío...
El vacío
existencial se manifiesta sobre todo en el aburrimiento,
estado de hastío y pesadumbre habitual en nuestra época.
Otras veces, la frustración existencial no es manifiesta sino
latente, ya que el vacío puede quedar larvado o enmascarado:
quienes ocupan cada minuto del día en actividades que no le
permiten tiempo para el ocio a fin de aturdir su vacío
interior. Estas personas huyen de sí mismas ante la angustia
que les genera el vacío ."Considero el ritmo
acelerado de la vida actual como un intento de automedicación,
aunque inútil, de la frustración existencial. Cuanto más
desconoce el hombre el objetivo de su vida, más trepidante
ritmo da a esta vida". ( Frankl).
Encontrar el
sentido
Desde la terapéutica
sabemos que no puede fabricarse un sentido. "El sentido
no puede darse, sino que debe descubrirse". Este
descubrimiento implica percibir una posibilidad desde el
trasfondo de la realidad, posibilidad que es única en cada
caso. El sentido debe y puede encontrarse si permitimos que
nos guíe nuestra conciencia, considerada en este caso como un
órgano del sentido que comprende la capacidad de rastrear el
sentido único oculto en cada situación. Y "escuchar
esta voz de la conciencia" no solo permite buscar ese
sentido, sino que lleva además implícita la incertidumbre:
nunca sabremos acabadamente si hemos cumplido o no el sentido
de nuestra vida. Es la incertidumbre propia de todos los fenómenos
humanos.
"Sentido"
es ante una situación determinada, lo que se requiere en el
momento, en la circunstancia singular de cada persona
concreta. Y entre la multiplicidad de sentidos tenemos la
certeza de que está universalmente presente. No hay situación
alguna en que la vida no ofrezca una posibilidad de sentido,
como no hay persona a la que la vida no le haya dispuesto una
tarea.
El terapeuta
busca un tratamiento orientado al sentido, reorientador del
paciente; busca movilizar la voluntad de sentido, despertarla
allí donde permanece inconciente, reprimida o desplazada.
Poner la voluntad de sentido al descubierto nos conduce a lo
auténtico que hay en cada uno de nosotros y de allí a una
vida más plena solo hay un paso.
Puede decirse
que el hombre está condicionado por factores biológicos,
psicológicos o sociales; sin embargo desde esta posición
enfatizamos que el hombre es libre. Es libre incluso para
adoptar una postura frente a los citados condicionamientos. Es
más, también el psicótico tiene un resto de libertad por la
que se adapta a su existencia psicótica. Y con su libertad
puede el hombre decidir buscar y descubrir el sentido de su
vida.
Lc.Ps.Liliana A. Villagra
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